“Así pues, deberé rendirme ante esta ley: no puedo profundizar, horadar la fotografía. Sólo puedo barrerla con la mirada, como una superficie quieta. La fotografía es llana en todos los sentidos del término, esto es lo que debo admitir” (p117)
Los realistas… no toman en absoluto la foto como una copia de lo real, sino como una emanación de lo real en el pasado: una magia, no un arte. (p100)
En la última parte del libro al autor admite eso, “la Fotografía es llana en todos los sentidos del término”, para una posible desilusión del lector, llevado hasta el momento en volandas a través de las brillantísimas páginas escritas por Roland Barthes. Pero esta admisión no es más que la guinda final a un libro excepcional. Son muchas las novelas que son tan grandes que se les perdona cualquier final que tengan, por soso o desilusionante que sea.
El libro propone una aventura de pensamiento y descubrimiento maravillosa. Se mueve sobre dos ejes, a cada uno de los cuales dedica una mitad del libro.
La primera parte es un acercamiento a lo que sería un proceso de descubrimiento: ¿por qué me emociona una foto? ..Presentí una regla estructural, a la medida de mi propia mirada..(p42)
Veo fotos por todas partes… constaté que había algunas que provocaban en mí un júbilo contenido, como si remitiesen a un centro oculto, a un caudal erótico o desgarrador escondido en el fondo de mí; y que otras, por el contrario, me eran tan indiferentes que, a fuerza de verlas multiplicarse como la mala hierba, experimentaba hacia ellas una especie de aversión” (p36)
Esa pulsión lo lleva a tratar de buscar una regla general, que le satisfaga y le sirva como punto de comienzo para discutir sobre Fotografía. Al contemplar una foto, Barthes quiere saber por qué le atrae o la rechaza:
Me gusta/no me gusta… pero precisamente: siempre he tenido ganas de argumentar mis humores… (p38)
Ya en el comienzo del libro el autor expone el concepto más bonito del escrito: el de aventura. Este texto es bellísimo:
Decidí entonces tomar como guía de mi nuevo análisis la atracción que sentía hacia ciertas fotos…Se trata de una agitación interior, una fiesta, o también una actividad, la presión de lo indecible que quiere ser dicho. ¿Y entonces? ¿Es acaso interés? No, interés es demasiado poco; no tengo necesidad de interrogar mi emoción para enumerar las distintas razones que hacen interesante una foto… Me parecía que la palabra más adecuada para designar la atracción que determinadas fotos ejercen sobre mí era aventura. (p38-39)
“En este sombrío desierto, tal foto, de golpe, me llega a las manos; me anima y yo la animo. Es así pues, como debo nombrar la atracción que hace existir: una animación. La foto, de por sí, no es animada, pero me anima: es lo que hace toda aventura. (p40)
Por un lado está aceptando que el componente subjetivo es el vector de generación de aventura y, por otro, quizás deformación de profesión, el autor tiene la voluntad de estructurar, sistematizar, ponderar esta aventura. No hay solución entre estos dos polos. En diversos puntos del texto Barthes explica por qué se emociona: “como Spectator sólo me interesaba la fotografía por sentimiento; y yo quería profundizarlo no como una cuestión sino como una herida: veo, siento, luego noto, miro y pienso…” (p à poner página).
Pero a continuación es como si Barthes te dijera: -Olvida lo que te acabo de decir. Ahora créete esto: Vamos a crear un sistema, con aspiraciones universales”. Y así, en ese intento de conciliar la razón y la pasión, llega al punto fuerte del libro, acaso lo más conocido: el Punctum y el Studium. Son los dos pilares sobre los que basa toda evaluación de una fotografía, qué sensaciones percibe al vera. Es una propuesta genial. Dice que
por medio del Studium me intereso por muchas fotografías, ya sea porque las recibo como testimonios políticos, ya sea porque las saboreo como cuadros históricos buenos: pues es culturalmente como participo de los rostros, de los aspectos, de los gestos, de los decorados, de las acciones”.
Y respecto del Punctum, “ esta vez no soy yo ( con su background cultural, quiere decir) quien va a buscarlo, tal y como invisto con mi conciencia soberana el campo del Studium. Es él [el Punctum] quien sale de la escena como una flecha y viene a punzarme… El Punctum de una foto es ese azar que en ella me despunta, pero que también me lastima, me punza…
Y lo ejemplifica así:
“Muchas fotos, por desgracia, permanecen inertes bajo mi mirada. Pero incluso entre aquellas que a mis ojos tienen alguna existencia, la mayoría no provoca en mí más que un interés general: ningún Punctum en ellas: me gustan o me disgustan sin punzarme: únicamente están investidas por el Studium. El Studium es el campo tan vasto del deseo indolente, del interés diverso, del gusto inconsecuente.
¿Quién no se rinde ante frases como esta?
El Studium pertenece a la categoría del “to like” y no del “to love”; moviliza un deseo a medias, un querer a medias.
Una vez más, ya sabemos que el Punctum siempre tiene algo de cultural, relacionado con el Studium. Más o menos, Barthes estima que el Studium está relacionado con lo descriptivo y el Punctum con lo sensitivo (“La incapacidad de nombrar es un buen síntoma de trastorno”, p68).
Todo esto no es otra cosa que reconocer, dar nombre a lo que el ser humano experimenta cuando se emociona con una obra de arte, en este caso la fotografía, pero totalmente generalizable a otras disciplinas. ¿qué es si no este fragmento, por lo demás, una genialidad?:
Sucede algunas veces que puedo conocer mejor una foto que recuerdo, que otra que estoy viendo, como si la visión directa orientase más el lenguaje, induciéndolo a un esfuerzo de descripción que siempre dejará escapar el punto del efecto, el punctum… en el fondo, para ver bien una foto vale más levantar la cabeza o cerrar los ojos… La foto me conmueve si la retiro de su charloteo ordinario: técnica, realidad, reportaje, arte.. no decir nada, cerrar los ojos, dejar subir sólo el detalle hasta la conciencia afectiva.
… A veces… todo lo que ocurre en el interior del marco muere totalmente una vez franqueado este mismo marco. Cuando se define la Fotografía como una imagen inmóvil, no quiere decir sólo que los personajes que aquélla representa no se mueven; quiere decir que no se sale: están anestesiados y calvados, como las mariposas. No obstante, desde el momento en que hay punctum, se crea un campo ciego.(p72).
Siempre expone estas bases desde el punto de vista del espectador. En ningún caso se habla del artista. Hasta aquí la primera parte del libro, que sirve para sentar las bases que explican o tratan de explicar por qué una fotografía nos atrae, y que es totalmente extrapolable a la contemplación de cualquier obra de arte.
“… pero hasta el momento no había descubierto la naturaleza de la fotografía…” (p76)
En la segunda parte del libro Barthes se va a centrar en buscar cualidades específicas de la fotografía, que la distinguen del resto de las artes.
La base de toda esta segunda parte se basa en el rasgo inimitable que tiene la Fotografía: el hecho de que alguien haya visto el referente fotografiado en carne y hueso. Eso no pasa con ningún otro arte.
… yo había inducido de la verdad de la imagen la realidad de su origen; había confundido verdad y realidad en una emoción única, y en ello situaba yo de ahora en adelante la naturaleza – el genio- de la Fotografía, puesto que ningún retrato pintado, aún suponiendo que me pareciese verdadero, podía demostrarme que su referente había existido realmente.(p91)
…Al mirar una foto, incluyo fatalmente en mi mirada el pensamiento de aquel instante, por breve que fuese, en que una cosa real se encontró ante el ojo. Imputo la inmovilidad de la foto presente a la toma pasada, y esta detención es lo que constituye la pose.
Y por esto mismo es por lo que Barthes piensa que realmente los inventores de la fotografía no son los pintores, sino los químicos: ellos son los que han permitido aprovechar una circunstancia científica (el descubrimiento de la sensibilidad a la luz de los haluros de plata) que les permitió captar e imprimir directamente los rayos luminosos emitidos por un objeto iluminado. La foto es, literalmente, una emanación del referente.
Sin embargo, en esta segunda parte surgen detalles más que discutibles. Al hablar del color:
El color es para mí un postizo, un afeite. Puesto que lo que me importa no es la vida de la foto, sino la certeza de que el cuerpo fotografiado me toca con sus propios rayos, y no con una luz sobreañadida. (p95).
Quizás esa manía anti-color fuera el signo de los tiempos, mucha militancia a cerrazón en los -ismos.
Partiendo de este descubrimiento, el autor compara a la fotografía con la pintura, el lenguaje escrito y el cine. Aunque todas son interesantes, creo que el autor vuelve a patinar cuando, relacionado con el lenguaje escrito, habla de la Historia como disciplina.
Quizás tengamos una resistencia invencible a creer en el pasado, en la Historia, como no sea en forma de mito. La fotografía, por primera vez, hace cesar tal resistencia… (p100)
Barthes tiene un concepto decimonónico de la disciplina histórica. La define así:
Pero la Historia es una memoria fabricada según recetas positivas, un puro discurso intelectual que anula el tiempo mítico… Y la fotografía es un testigo seguro, pero fugaz.(p106)
Todo en la vida son contrastes: esa definición de 100 años antes de su época, inserta en un libro maravilloso, escrito por una mente privilegiada. Tampoco me convence cuando argumenta, en la página 106, que la fotografía ha desbancado al monumento: “Pero haciendo de la fotografía el testigo general y algo así como natural de lo que ha sido, la sociedad moderna renunció al monumento…” . Esta fe en la Fotografía me recuerda a la que destilaban lo racionalistas de finales del XIX en el progreso humano.
Es obvio que el nuevo leitmotiv en la segunda parte del libro es el tiempo, al que Barthes eleva a la categoría de nuevo Punctum: “ Ahora sé que existe otro punctum, otro estigma distinto del detalle: no está en la forma, sino que es de intensidad; el tiempo, es el desgarrador énfasis del noema “esto ha sido”, su representación pura.” (p107). Esto en cierta medida es un gran consuelo para los que no somos buenos fotógrafos, pues el componente temporal, el “esto estuvo así en un momento del pasado”, ese Punctum va implícito en todas las fotos. Es un libro escrito desde la trinchera, desde el punto de vista del espectador, y no desde arriba. Con ello el autor se asegura de que todo lector participe de forma proactiva en la lectura, en el debate. Por todo esto que hemos leído, ¿qué decepción es la que voy a sentir al reconocer Barthes, finalmente y con pesar, que la detrás de la foto no hay nada, que es plana? “La cámara lúcida” es un clásico que perdurará siempre.

Comentarios
Publicar un comentario