Cartier-Bresson. El ojo del siglo. Pierre Assouline

 ¿Cómo interesarse por la fotografía y su historia, sin pasar por Henri Cartier-Bresson (HCB)? Es la pregunta que muchos nos hacemos, y de una forma u otra intentamos responderla. Así que esta bonita edición de Círculo de Lectores era una buena oportunidad. El trabajo de Assouline, periodista de profesión, es una hagiografía. El libro es un continuo de halagos poéticos a la figura de Cartier-Bresson, un ser mitificado desde el comienzo. No hay crítica alguna. Más bien lo protege. En las casi 400 páginas de texto he podido localizar un solo amago de crítica al personaje, cuando el autor se pregunta por qué HCB no acudió a Argelia a cubrir el conflicto con la metrópolis, Francia.  



Assouline ha escrito un texto cargante hasta la extenuación. No se pueden leer más de 50 páginas de una sentada. Todo el escrito lleva un tono poético, plagado de adjetivos, de gradación superlativa, siempre. Sin duda alguna, mal asunto para una biografía.

Otra tónica que sobrevuela el texto es el sesgo izquierdista, presente en cada página. ¿En qué medida representa esto un problema para la obra? El problema es que en demasiadas ocasiones no se sabe si esa militancia es de HCB o del propio autor. Se confunde a menudo. Un ejemplo que recuerdo ahora es cuando habla del Ché Guevara y de Fidel Castro. Realmente es que no se sabe si las palabras adulatorias son del personaje o del biógrafo.

Esta introducción me lleva a preguntarme, después de haber leído el libro con mucho interés y curiosidad, en qué medida he conocido a HCB o si lo que he conocido es una proyección un punto trasnochada.

En cualquier caso, no es difícil ver en la de HCB una vida apasionante, un ejemplo perfecto de vida del siglo XX, algo al estilo de la biografía de Winston Churchill o de De Gaulle… La vida de los años 20-30, impregnada por ese optimismo creativo o el gusto extremo por los “-ismos”, los convulsos años 30, en los que HCB hace sus primeros trabajos importantes, prisionero 3 años en un Stalag durante la Segunda Guerra Mundial, implicación política izquierdista en la posguerra (era el signo de los tiempos. Sobre esto, la obra maestra de Judt, Tony, “Pasado Imperfecto: Los intelectuales franceses, 1944-1956”, Madrid, Taurus), hasta llegar a los años 70, cuando realmente terminan las consecuencias más inmediatas de la Segunda Guerra Mundial, que es cuando nuestra estrella se retira. Bien merece esta vida un buen libro. Uno mejor que el de Assouline, sin dudarlo.

Me gustaría haber leído en qué medida se vio influenciado por el filocomunismo de los intelectuales franceses de posguerra que, por otro lado, se puede entender. ¿De dónde se venía? De una guerra terrorífica que, por fuerza tuvo que radicalizar las posiciones políticas. Aunque también es cierto que después de la muerte de Stalin se supieron muchas cosas que bien podrían haber hecho cambiar de rumbo a los intelectuales.

Relacionado con esto, he echado en falta más información: por ejemplo, las relaciones que Cartier-Bresson mantuvo con la intelectualidad francesa de posguerra, si es que la mantuvo, y cómo se veía al personaje en la sociedad, en los periódicos, en qué medida era escuchado por la sociedad, si era visto como un esnob o, por el contrario, como un gurú. En general, me hubiera gustado leer una descripción sobre la evolución que habría experimentado la imagen de HCB, desde sus primeros años, hasta incluso después de su muerte. Pero no hay nada de esto.

Centrando el tiro en el personaje y la Fotografía, me ha impresionado que HCB no hablase de la luz. Siempre estaban antes la geometría, el momento decisivo, el dibujo, pero no la luz. Hay tramos en el libro apasionantes, como cuando el autor explica cómo HCB afrontaba el género del retrato, el nacimiento y desarrollo de Magnum, las relaciones de nuestro personaje con otros ilustres, ya fueran De Gaulle, Picasso o Giacometti, o las páginas finales del trabajo, en que el autor da respuestas rápidas a las preguntas que todo fotógrafo curioso se hace: qué cámaras usaba, objetivos, película, revelados, positivados…

Por otro lado, me parece ver en HCB a una persona excesivamente tajante en sus planteamientos y opiniones, y muy militante de los “-ismos”. En demasiadas ocasiones se recogen opiniones en las que HCB receta cómo algo tiene que ser, dejando poca opción a que cualquier modificación sobre la prescripción sea aceptable, ya sea desde un punto de vista estético, artístico o político.

La fuerza gravitatoria del personaje es tan potente que, a pesar de las importantes fallas que tiene el libro, la lectura ha sido muy provechosa y placentera. Sin duda alguna, queda espacio para una biografía más cabal, menos apasionada, más academicista. Eso en cuanto a planteamiento. Y en lo referente a contenido, hay campo para mucho más.  

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