Entrevista a Nan Goldin en 1986. Revista Aperture.

 En esta ocasión se trata de la entrevista que el prominente editor Mark Holborn realizó a Goldin para Aperture, en la edición de verano de 1986. Hay cosas impactantes. La fotografía no es lo que lees que es; la fotografía es lo que tú decides que es. Es lo más importante de lo que leí en este artículo. Me llama la atención que, 35 años después, haya muchos elementos de continuidad entre la Nancy Goldin de 2020 y la de 1986. Son misterios fascinantes.



Al igual que en la entrada anterior, dejo mis “highlights”…

… Nan Goldin: en el show de diapositivas hay un aspecto universal, que yo trato de que trascienda el ambiente específico en el que fueron tomadas las fotos. Me refiero a la naturaleza de las relaciones entre hombres y mujeres. Me ocupo de personas que están tratando de tener relaciones íntimas.

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Mark Holborn: ¿Cómo empezó?

NG: Llevo haciendo fotos de mi vida desde que tenía 16 años. Fui la fotógrafa de una escuela del tipo Summer Hill. Vivía obsesionada con grabar mi vida. La mayor motivación de todo mi trabajo es mi obsesión con la memoria. Me hice fotógrafa en serio cuando comencé a beber porque, a la mañana siguiente, quería recordar todos los detalles de mis experiencias. Iría a los bares, dispararía y me haría con un record de mi vida. Viví con algunas drag queens… pues fotografié drag queens. Nunca tomé la decisión de que las drag queens eran un tema que tenía que fotografiar. El trabajo fotográfico que hacía siempre era una parte más de mi vida. Tengo necesidad de recordar todo. De esa necesidad es de donde viene la fotografía. La fotografía me proporciona el material para este diario.

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Exploración de otras opciones

… Se esperaba de mí que hiciera un trabajo parecido al que había hecho con las drag queens, pero con mejores fotos, desde el punto de vista técnico. Mi trabajo perdió su inmediatez. Abandoné esa vía…

¿Por qué un show de diapositivas?

.. No tenía cuarto oscuro, así que tenía que proyectar diapositivas. Comencé proyectando en bares de Provincetown, que es donde trabajaba. Cuando me mudé a New York seguía sin cuarto oscuro; así que continué con las diapositivas. Mi primera proyección en New York fue en el Mudd Club, en una fiesta en honor del día de nacimiento de Frank Zappa. Después hice presentaciones en otros clubes, con música.  Tuve un novio que sabía mucho de música inglesa de los años 60, y él era el dj de las presentaciones. Luego hice el show con un grupo buenísimo que se llamaba Del Byzanteens, en el que estaban, entre otras luminarias del Lower East Side, Jim Jarmusch y James Nares. Su canción My World Is Empty Without You sigue en el montaje actual. Decidí que tenía que hacer una banda sonora para el show.

MH: ¿Cuál es la diferencia entre un show de diapositivas y una exposición de tus fotos impresas?

NG: La proyección me permite mostrar 700 u 800 fotos en 45 minutos. Me gustan las impresiones en papel, pero no tengo una adoración especial por las fotografías como objetos. Me interesa el contenido. El pase de diapositivas me permite mostrar posicionamientos políticos de forma más clara. Me ayuda a revelar mi ideología. Puedo clarificar mis intenciones yuxtaponiendo la letra de la banda sonora con la imagen. La pura acumulación de imágenes y la edición ayudan a conseguir claridad. Además, con la edición puedo crear una narrativa más clara de lo que sería posible con imágenes individuales; una narrativa, además, que provoca un intenso efecto emocional. La gente llora durante la proyección; también puede ser muy divertido. Mi objetivo es provocar en los espectadores las mismas emociones que se describen en mi proyección.

MH: ¿Por qué incluyes a María Callas en la banda sonora?

NG: Adoro su voz. Tiene una crudeza que muchos puristas desprecian. La adoro porque es muy pasional. Para mi su voz es perfecta. He tenido muchísimas bandas sonoras, y he probado muchas canciones. Nunca muestro las diapositivas en el mismo orden y cambio la banda sonora muy a menudo. Las he mezclado, aunque hay algunas que cuadran perfectamente en la proyección, y llevan ya cinco años, como por ejemplo, la canción del comienzo, una pieza de Brecht/Weill de la Ópera de los tres peniques. También está Memories, de Dean Martin, al final, y She fights back, de Yoko Ono. También está esa, Fais-Moi Mal Johnny, de Boris Vien, que va de una mujer que está pidiendo a un hombre que le haga el amor de forma violenta; dice, “Hurt me, Johnny”, mientras el hombre le dice que no es capaz de hacer daño ni a una mosca. Y ella le responde que “ no soy ninguna mosca; busco el amor explosivo”. También he usado Don’t make me over de Dionne Warwick durante mucho tiempo, Downtown, de Petula Clark.

MH: En esa dependencia que describes, ¿cuánto hay de lo que ves en otras personas, o cuánto hay de ti?

NG: Todo es cosa mía, y también lo veo en la gente que me rodea. Creo que hombres y mujeres son extraños entre sí, y esto de forma irrevocable.  Es casi como si hombres y mujeres fueran de planetas diferentes; esa dificultad tan grande tienen para entenderse el uno al otro. Encuentro a los hombres, o el sistema emociona masculino, muy difícil de entender. Parece como si los hombres temieran a las mujeres. Emocionalmente estoy mucho mejor preparada para estar con mujeres; pero luego está este deseo sexual que tengo por los hombres. La proyección muestra también relaciones homosexuales; me estoy ocupando de estudiar la dificultad de encontrar pareja, y parte de ello la dificultad de mantener la intimidad. The Ballad of Sexual Dependency es una exploración de mis propios deseos y problemas.

MH: ¿Nunca te sientes como un voyeur?

NG: No es cierta la premisa de que un fotógrafo es un voyeur porque así es la propia naturaleza de lo que es la fotografía. La gente que ha sido fotografiada a fondo por mi, siente que mi cámara es una parte de sus vidas, tan igual a cualquier otro aspecto de sus vidas conmigo. De ese modo, el ser fotografiado se convierte en algo perfectamente natural. Deja de ser una experiencia externa y se convierte en una parte de la relación, una relación que es más estrecha gracias a la cámara, no más distante. La cámara me conecta con la experiencia y clarifica lo que hay entre el sujeto al que fotografío y yo. La gente suele pensar que el fotógrafo es el último invitado a una fiesta, pero esta es mi fiesta. La organicé yo.

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MH: ¿Qué une Berlín con una cierta parte de New York?

NG: Nosotros nos identificamos como newyorquinos más que como americanos. El estilo de vida y la estética de las subculturas de las dos ciudades son similares.

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