Enero de 2022, fecha en que, por primera vez en mi vida, tengo en mis manos, en papel, un número de la famosa revista Aperture. Espectacular. Una revista así con ese formato, esos reportajes, esa frescura, le hace a uno amar las revistas, la fotografía, celebrar la vida. No es lo mismo, no es lo mismo, verla en digital que hojearla físicamente. El número que acabó en mis manos fue Aperture Spring 2020, “Ballads”, dedicado en gran parte a Nan Goldin y su “The Ballad of sexual dependency”. No por casualidad, sino por la fascinación que me producen las fotos de The ballad of sexual dependency.
Voy a dejar aquí recogidas los fragmentos que me llamaron, que me tocaron un poco, extraídos de los dos artículos más largos de ese número de la revista. El primero es una conversación que Darryl Pinckney mantuvo con Nan Goldin. Así que los fragmentos son “palabra de Goldin”. Y el otro artículo se titula “The Original Ballad. The making of a groundbreaking photobook. Marvin Heiferman in conversation with Elle Pérez”. Pérez es un artista afincado en New York, y Marvin Heiferman participó en la edición del libro de Goldin.
Aquí dejo mis highlights de los dos artículos:
De la conversación de Pinckney con Goldin
Originalmente, el proyecto (The ballad of sexual dependency) adoptó una forma híbrida, una mezcla entre fotografía en movimiento y fija. “El diario personal que dejo leer a la gente”; así es como ella describe los cándidos retratos de sus amigos, amantes y relaciones varias, en una ópera donde confluyen alegría y desesperación.
Goldin creó The Ballad of Sexual Dependency (1983-2008) como un show de diapositivas en un tiempo en el que lo underground, en donde ella era una estrella, de repente concitó toda la atención de la Gran Cultura. Esta nueva joven vanguardia era urbana y estaba muy influenciada por la música, el cine y los libros.
El show estaba compuesto por más de 100 fotos. Se mostraba la estética de Goldin – la intimidad que tenía con sus modelos, su voluntad de no fotografiar a nadie que estuviera haciendo algo que ella no hubiera querido fotografiar, su sentido teatral del lugar, su maestría en el dominio de la narrativa visual.
La obra de Goldin
Su historia contribuye en gran medida a explicar su trabajo, ya visto en numerosos libros. The Other side (1993), un homenaje, en parte, al mundo drag queen, siguió a The Ballad of Sexual Dependency. Le siguió A double life (1994), y el catálogo de su espectacular retrospectiva en el Whitney Museum of American Art, I’ll be your mirror (1996). The devil’s playground (2003) abarcó gran parte de su trabajo en ese momento. The beautiful smile (2007) dio pie a que se le concediera el Hasselblad Award. Eden and after (2014) es un trabajo emocionante sobre la infancia. En Diving for Pearls (2016), Nan se embarca en relacionar su fotografía con el arte del Louvre. Su trabajo constituye una autobiografía repartida en varios volúmenes, su vida como un relato episódico.
El rango de temas, el puro monto de la cantidad de fotos publicadas, da fe de la actitud de Nan, siempre trabajando, inmersa en su propósito de documentar el movimiento de una vida. Al igual que sus modelos han cambiado, lo hace su forma de trabajar. Sus proyectos, como Sisters, Saints and Sybils (2004) y Memory Lost (2019) llevan a un nivel sin precedentes la forma del pase de diapositivas que ella misma adoptó.
DP: La luz es extraordinaria.
NG: … Quería estar cerca de la gente. Pero a la misma vez estaba muy interesada en cómo se situaba la gente en el cuarto, y qué había en el cuarto. Aunque casi siempre me conformaba con sentirme cerca de las personas. Nadie podría haberme educado la vista. Nadie enseña a otra persona un arte.
DP: Iba a decir que con el paso del tiempo, creo que percibo mucho menos en las fotos la presencia de las drogas de lo que en su momento hice.
NG: Bien. Mi nuevo trabajo, Memory Lost, es sobre las drogas. Hace tres años salí de una adicción monstruosa. Enorme. Mi proveedor me llamó y me dijo que el OxyContin se había puesto a 30 dólares, y que él tenía una buena oferta. Me llamó al hospital. Creo que acababa de perder a su mejor cliente.
DP: Tus cosas están construidas de forma muy consciente.
NG: Sí. Mucho. Yo diría que mi trabajo consiste en editar. Siempre he dicho que fundamentalmente el arte no es hacer las fotos, sino editar. Siempre he dicho que si alguien hubiera tomado tantas fotos como hice yo, podría ser considerado un buen fotógrafo. Pero no es ese el asunto. El asunto clave es qué he hecho yo con esas fotos. La cuestión es hacer un trabajo “se mueve” a partir de imágenes estáticas, y yo creo que la edición es donde tengo mi mayor fuerte.
…
No veo las fotos como un trozo de vida congelado, simplemente por el uso que le doy a ellas. Nunca creí en el “momento decisivo”. Nunca me creí eso de que una foto encapsula la totalidad del ser de una persona. Por supuesto, una vez publicadas, son imágenes individuales en una página; pero la forma en que concibo mi trabajo es con múltiples imágenes. Ahora uso cuadrículas (tablas , “grids”) cuando muestro mis obras en un muro. Quería hacerlo así desde los años 80, pero no pude costeármelo. Son como historias gráficas (storyboard). Muestro un montón de cuadrículas, y trípticos, y dípticos.
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Mis mejores fotos son accidentes. Memory Lost son todo accidentes. Me lo pasé muy bien buscando las peores fotos. Cuanto menos había en la foto, mejor era. Cuanto más oscura, mejor le iba al libro. Pero las voces son lo importante.
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Conversación entre Elle Pérez y Marvin Heiferman
Incluso aunque Tulsa (1971) de Larry Clark ya estaba publicado, el mundo de Nan se percibió como algo explosivo también, pero diferente. Las fotos estaban llenas de emoción, de color, de amor. Lo que me impactó fue lo increíblemente buena que era como constructora de imágenes, y es algo de lo que normalmente no se habla.
…
Aunque las fotos ya de forma individual era bonitas, a su forma, lo que era sobrecogedor era el impacto acumulativo de las fotos. Nadie estaba haciendo ese tipo de trabajos sobre personas y sus complejas relaciones e intimidades. Nadie estaba haciendo esas fotos sobre sexo que, ni patologizaba, ni lo glamourizaba.
…
Esta mañana estaba viendo el libro, y hubo una cosa que me impresionó… y se trata de la forma en que el libro se mueve de las fotos horizontales a las verticales, de interiores a exteriores. Hay una relación entre gente mirando a la cámara versus gente mirando hacia los lados de la foto. Es algo que Nan hace tanto y de forma tan consistente que se convierte en un elemento de secuenciación también. Vas siendo dirigido. Ahí está la narrativa. Es algo así como : - ¿Quién es esa gente? ¿qué les está pasando? ¿qué relación tienen entre ellos?. También está el color exuberante que atraviesa todo el libro. La montaña rusa emocional que te lleva de fotos en fiestas y gente riendo, a fotos de gente llorando, y eso te engancha. La gente ha calificado The Ballad como que tiene tintes operísticos, y están cargados de razones para ello, porque su gran escala y expresividad te arrastran.
…
Al estar continuamente disparando, Nan tuvo la oportunidad de estar reeditando su trabajo continuamente, y cambiándolo. Este tipo de fluidez que el libro documenta, aunque sea a nivel de proceso, es lo que representa también a nivel personal, de las vidas de las personas a las que fotografía, la fluidez de esas vidas.
Volviendo la vista atrás, lo que fue extraordinario fue la experiencia de los pases de diapositivas, verlas en un club donde todo el mundo estaba borracho y drogado, o al menos muchos de ellos, y dando gritos cuando se ven fotografiados en el show.
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