Es domingo
por la mañana. En cualquier salón de una familia de clase media. En cualquier
país Occidental. Un hombre acaba de llegar de la calle. Ha comprado el
periódico y prepara un café. Lo abre y se encuentra con un reportaje plagado de
fotografías que muestran escenas de barbarie humana. ¿Qué se le puede o se le
debe pedir a este hombre? ¿Y a la foto? ¿Cuál es su misión? ¿Cómo hay que
reaccionar?
La tesis
principal del genial opúsculo de Sontag es que ni a una ni a otro, fotografía y
espectador, se le debe pedir más de la cuenta. Y esto, ¿por qué? “En un mundo
en el que la fotografía está al ilustre servicio de la manipulación consumista,
no hay efecto que la fotografía de una escena lúgubre pueda dar por sentado”
(pos 785).
Su gusto
es exquisito, pero sus versos rígidos. (Horacio, Sátiras I, IV.8)
No es el
caso de Sontag: ha escrito un texto plagado de rincones y recovecos
magistrales, de belleza per sé, por amor a la fotografía y al
pensamiento. Su estilo es el mismo que el de los ensayos que recogió en Sobre
la fotografía. Es una mezcla entre acercamiento academicista y artículo
periodístico. El resultado es rigor fácilmente digerible, legible. Escribía muy
bien esta mujer.Parece mentira que haya podido tocar tantas teclas en un texto
tan corto.
Todo
acercamiento académico comienza siempre con analizar los antecedentes, lo que
ha ocurrido hasta el mismo momento en que se está escribiendo el texto. Goya
puede ser, en su opinión, un buen punto de partida. Para Sontag, Los
desastres de la guerra llevan al espectador al horror. “El efecto
acumulador es devastador”(pos429). En otro momento dice: “El arte de Goya, como
el de Dostoievski, parece un punto de inflexión en la historia de la aflicción
y los sentimientos morales: es tan profundo como original y exigente”(pos 459).
De ahí, salta ya a los fotógrafos: Fenton, Beato (con la impresionante
fotografía que hizo en Lucknow del Palacio Sikandarbagh destripado por los
bombardeos), Gardner y sus fotos de la guerra de Secesión americana, la Segunda
Guerra Mundial, Bosnia, las torres gemelas o Irak…
Una vez
contextualizado el tema, comienza a sacar punta a cuestiones en torno a este
hecho, el de la fotografía que muestra el dolor de los demás.
¿Qué ocurre
si esas fotos son preparadas o trucadas? Las de Gardner, por ejemplo, lo eran.
¿La del miliciano de Capa lo es? Claro, ¿pierden su efecto, si tenemos en
cuenta que las personas pensamos en la fotografía como “un género de alquimia,
por cuanto se las valora como relato transparente de la realidad”? Muchas de
las grandes fotos de la 2GM fueron trucadas, y eso “nos consterna: Queremos que
el fotógrafo sea un espía en la casa del amor y de la muerte, y que los
retratados no sean conscientes de la cámara, se encuentren con la “guardia
baja” “. (pos 542). Y contesta con esta reflexión magistral, genial: “ Con el
tiempo, muchas fotografías trucadas se convierten en pruebas históricas, aunque
de una especie impura, como casi todas las pruebas históricas”. (pos
567).
¿Qué ocurre
si una foto que muestra el horror puro es bella? En general Sontag cree que en
este tipo de fotos la gente quiere el peso del testimonio sin la mácula del
arte (pos 262). Algunos pensarán que no es lo más correcto … “sin embargo,
lo espectacular es una parte sustantiva de las narraciones religiosas mediante
las cuales se ha entendido el sufrimiento a lo largo de casi toda la historia
de Occidente.” (pos 792). Es decir, ¡siempre ha sido así! : “El embellecimiento
es una clásica operación de la cámara y tiende a depurar la respuesta moral
ante lo mostrado. El afeamiento, mostrar de algo su peor aspecto, es una
función más moderna: didáctica, incita una respuesta activa.” (pos 805)
Para Sontag
es interesante examinar cómo ha ido evolucionando la censura de las fotos de
horror. De la misma forma, traza un somero camino histórico por la guerras del
siglo XX, para detenerse y analizar más tranquilamente el caso del atentado de
las Torres Gemelas: “No exceder los límites del buen
gusto fue la razón fundamental que se esgrimió para no mostrar ninguna de las
horrendas fotos de los muertos hechas en el solar del World Trade Center
durante los días inmediatos a los atentados del 11 de septiembre de 2001.” (pos
675).
¿Qué tal si
comparamos una foto luctuosa tomada en Myanmar con las de las torres gemelas?
No se le pueden poner peros a Sontag cuando dice que Cuanto más remoto o
exótico el lugar, tanto más expuestos estamos a ver frontalmente y plenamente a
los muertos( pos 704) “… por lo general, los cuerpos gravemente heridos
mostrados en las fotografías publicadas son de Asia y de África” (pos 718). “… Pues
al otro, incluso cuando no es un enemigo, se le tiene por alguien que ha de ser
visto, no alguien (como nosotros) que también ve.”(pos 724). Esta frase es
magistral, de marco: porque sintetiza en muy pocas palabras un sentir cultural
que nació en Europa en el siglo XV como muy tarde, y que en las postrimerías
del siglo XVIII, y desde entonces más, ha reinado sobre el razonamiento del
hombre occidental. Para mí, la lectura de esta frase es un momento feliz, un
placer intelectual que justifica la lectura como práctica.
Un punto central en este diálogo del hombre Occidental con la
fotografía de horror es : ¿ nos acostumbramos a lo desagradable? Por supuesto
que Sontag cree que sí. En realidad lo sabemos: te puedes acostumbrar a ese
tipo de imágenes. En ocasiones no queda otro remedio. Sin embargo, la brillante
pensadora le da la vuelta a la tortilla: “hay casos en los que la repetida
exposición a lo que conmociona, entristece o consterna no agota la plena
respuesta. Las representaciones de la Crucifixión no se vuelven fútiles para
los creyentes, si en verdad son creyentes.” (pos 818).
Siempre me fascina leer cómo un genio aborda el concepto de
Historia. Sontag se pregunta: ¿en qué medida este tipo de fotos pueden
condicionar nuestra comprensión de la Historia de un acontecimiento o ciclo
concreto? “ ... las atrocidades que no están guardadas en nuestra mente
mediante imágenes fotográficas ampliamente conocidas, parecen más remotas”(pos
849).“… El conocimiento de determinadas fotografías erige nuestro sentido del
presente y del pasado inmediato” pos 849. “Las fotografías que todos
reconocemos son en la actualidad parte constitutiva de lo que la sociedad ha
elegido para reflexionar.(pos 853)
Y desplegando su virtuosismo con variaciones sobre el tema,
llega a la parte de la memoria. Hace unos años leí con bastante curioridad el
libro de su hijo, David Rieff, “Contra la memoria”. No sabía nada de la
conexión que podía tener la tesis de Rieff con las ideas de su madre.
Basicamente, la tesis que defiende Rieff, a saber, que para que una sociedad
pueda avanzar, el olvido le beneficia, la deja caer su madre aquí. Por ejemplo,
Sontag tiene claro a qué obedece ese empeño en promover la “memoria colectiva: “En sentido estricto no existe lo que se llama
memoria colectiva: es parte de la misma familia de nociones espurias, como la
culpa colectiva. Pero sí hay instrucción colectiva. Toda memoria es individual,
no puede reproducirse, y muere con cada persona. Lo que se denomina memoria
colectiva no es un recuerdo sino una declaración: que esto es importante y que ésta
es la historia de lo ocurrido, con las imágenes que encierran la historia en
nuestra mente”. Sontag nos propone hacer un trueque: que olvidemos más y que, a
cambio, reflexionemos más: “Quizá se le atribuye demasiado valor a la memoria y
no el suficiente a la reflexión”… La historia ofrece señales contradictorias
acerca del valor de la memoria en el curso mucho más largo de la historia
colectiva. Y es que simplemente hay demasiada injusticia en el mundo. Y
recordar demasiado (los agravios de antaño: serbios, irlandeses) nos amarga.
Hacer la paz es olvidar. Para la reconciliación es necesario que la memoria sea
defectuosa y limitada. (pos 1148).
¿Qué hacemos entonces, decía al principio de la reseña? …
debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan (pos 1139)… Aunque sólo
se trate de muestras y no consigan apenas abarcar la mayor parte de la realidad
a la que se refieren, cumplen no obstante una función esencial. Las imágenes dicen:
Esto es lo que los seres humanos se atreven a hacer, y quizá se ofrezcan a
hacer, con entusiasmo, convencidos de que están en lo justo. No lo olvides.
¿Olvidamos? ¿No olvidamos? El mundo es un lugar complejo. A veces, incluso a los propios genios les pasa que lo único que pueden hacer es estar. Pero en ese estar se puede elegir, hacerlo con o sin valentía. Y Sontag está en el grupo de los primeros.
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