El primer fotolibro de la historia. Las pinturas negras de Goya y Jean Laurent.

 


Goya tenía 73 años cuando compró la Quinta del Sordo en 1819. La casa estaba a las afueras de Madrid, hoy barrio de Carabanchel. Fernando VII reinaba en España, tras aplastar la Constitución de la Pepa. Antes de que Goya abandonara la casa, en 1824, España pasaría tres años de Liberalismo, y otra restauración del poder absoluto de Fernando VII, en mayo de 1823. Y en ese tiempo en que Goya vivió en la casa, pintó al óleo directamente sobre los muros de la casa el conjunto de las que serían las pinturas negras.



Las pinturas negras, atrapadas en la Quinta del Sordo.

Tras la muerte de Goya en 1828, la casa cambió de dueños al menos tres veces, hasta que, en 1858, su nieto la vende a Segundo Colmenares. Y en 1863 la Quinta pasará a manos de Louis Rodolphe Coumont, un financiero belga.

En algún momento Coumont invitó a su amigo Charles Yriarte, un escritor francés de ascendencia española, a visitar la casa. Yriarte elaboró una descripción de las pinturas, que ha servido de esencial ayuda los investigadores, sobre todo para adivinar cómo estaban dispuestas. El propio Yriarte además dejó escrito que Coumont había encargado fotografiar las obras. Las fotos se harían hacia 1874, año también en el que comenzó el proceso de traslado de las obras de la pared a lienzos. Podría ser que el objetivo de las fotos fuera facilitar el trabajo al restaurador, Salvador Martínez Cubells. Según el erudito Nigel Glendinning, sería el fotógrafo Jean Laurent (1816-1866), un francés afincado en Madrid, quien hiciese las fotos. Las fotografías están tomadas sobre placas de vidrio de 27x36 cm, utilizando el proceso del colodión húmedo. Y esas placas, ¡sobrevivieron! Fue en 2009 cuando se digitalizaron en alta resolución, y a partir de ahí las pinturas negras se han podido estudiar mucho más a fondo.

 

Y ahora, ¿por qué no le hacemos la ola a la facultad referencial de la Fotografía, nosotros que somos tan refinados y sólo apreciamos la fotografía artística?

 

La investigación

Nigel Glendinning había sido uno de los primeros investigadores en estudiar a fondo las pinturas negras, tal y como las dejó arregladas el restaurador, Salvador Martínez Cubells, y en compararlas con las fotos de Laurent. Pero el salto cualitativo que supuso el escaneo en 2009 permitió llegar mucho más allá en las averiguaciones. Según Foradada, Cubells fue muy torpe al restaurar las pinturas, por cuanto deja fuera detalles que son claves para la interpretación de las pinturas.

Sólo dejaré dos detalles: en la pintura del Duelo a garrotazos, siempre el hecho de que los dos españolitos estén hundidos en el barro ha sido algo determinante para interpretarla. Pues Foradada demuestra, nos enseña, que en realidad Goya no pintó eso: lo que se aprecia en las fotos digitalizadas es hierba alta. Segundo detalle: en la pintura de El perro, el animal está mirando hacia un monte o una peña en el horizonte, en el pico del cual sobrevuelan dos pájaros, ¡¡que Cubells no pintó!! ¡Y que son determinantes para la interpretación de la pintura que da Foradada!

Ingredientes para un fotolibro

¿Por qué un fotolibro? ¡¡ Pues lo tenemos por partida doble !! Un fotolibro es una propuesta narrativa, un libro que recoge una colección de fotos que tienen una relación entre sí, y que tomadas en su conjunto están expresando algo o, al menos quieren expresar o contar algo.

Basicamente, las 14 obras conforman un corpus integrado, en el que Goya ilustra cómo las fuerzas liberales son hundidas, domeñadas por la implacable fuerza del absolutismo, que se vale de la violencia para ello. Unido a esto, Goya pinta su aspiración de libertad, cristalizada sobre todo, si bien muy elípticamente, en el cuadro de El perro, que desde el fondo mira hacia lo alto de la peña, donde vuelan los pájaros.



Dejaré hablar al señor Doctor, D. Carlos Foradada (p.197):

Pero prestemos atención a la comentada ordenación de las obras en las dos salas: planta baja y primer piso, sobre cuyos muros fueron elaboradas las pinturas negras. Con independencia de los acontecimientos reflejados por el artista que veremos en las catorce pinturas, lo cierto es que cada uno de los sucesos representados sigue, a mi modo de ver, “una pauta narrativa” en la que Goya distingue tres categorías:

1)     En primer lugar retrata a los actores que viven los hechos en primera persona.

2)     A continuación nos ofrece el contexto social en que suceden.

3)     Por último muestra el desenlace, generalmente trágico, siempre al final de dicho recorrido.

Goya extiende su narración a través del encadenamiento de imágenes que dispone de manera lineal sobre las paredes, como si de viñetas se tratara. Pero a su vez las obras establecen relaciones y tensiones manifiestas no solo con las inmediatas, ya sea a si izquierda o a su derecha, sino igualmente con las obras situadas frente a ellas y, de manera especial, cuando se trata de desenlaces o resoluciones, con las ubicadas en disposición diagonal, tal y como veremos en las obras de las dos plantas.

… Por consiguiente, en esta compleja trama de relatos, los personajes de las pinturas no son únicamente objetos que podemos someter a nuestra consideración, sino “sujetos” que analizan igualmente lo que sucede y actúan en las escenas de otras composiciones”.

Las obras se pintaron en dos plantas: Las de la planta baja, siempre según Foradada, reflejan lo sucedido desde el inicio del régimen absolutista de Fernando VII en 1814 hasta el triunfo de los liberales. Y las de la primera planta sufrieron más cambios, siendo los últimos durante los nueve meses que transcurrieron desde la entrada a España de los Cien Mil hijos de San Luis hasta que Goya se exilia a Burdeos.



Las fotos de Jean Laurent: Goya más cerca

La fotografía permite soñar, tejer un escenario que nos acerca al pintor: Esa magia la proporciona su facultad referencial: Laurent estuvo allí, puso su cámara delante de las pinturas, en la Quinta del Sordo, las vio… Fue coetáneo de Goya, de su hijo y de su nieto. Esas fotos puentean las infranqueables barreras del tiempo, y crean la ilusión de estar más cerca de Goya y sus tiempos. ¿Es ese el punctum de estas fotos? Yo diría que sí.

Nunca borraré de mi mente el cortocircuito que sentía cada vez que mi abuelo, Amador Reinoso,  me contaba que, en sus tiempos, había intercambiado palabras con Fray Leopoldo, y que había conocido soldados que habían servido en las Filipinas españolas. Ese mismo cortocircuito mágico ha aflorado cuando he podido contemplar las fotos de Jean Laurent.

Comentarios